EL DILEMA ETERNO

A Europa pasando por el Besaya

Ya tenemos sobre la mesa la necesidad de subir impuestos en nuestro país, como suele ocurrir cada cierto tiempo, y que debido a la crisis sanitaria que ha revertido en crisis económica se nos planteará como la única solución posible. Nuevamente pondrán sobre la mesa el término

«presión fiscal», y en algunos ámbitos lo justificarán diciendo que está por debajo de la media de los países de la UE, para decir que hay margen de subida. Sin embargo, en esta vida siempre afortunadamente hay otras posibilidades, pues debemos marcar por objetivo prioritario dinamizar la economía buscando en los próximos dos años el equilibrio entre crecimiento y recaudación, para que la primera no se vea lastrada. Empezar comparándonos con la UE parece lo más lógico ya que es nuestra referencia y precisamente por eso hay que cuestionárselo antes de empezar, pues aquí hay que destacar que no es el único baremo para medir los impuestos o el gasto público. Pero, por otro lado, si miramos los ingresos y gastos públicos en la OCDE, que es el club de los países más ricos, España está en la media en los dos indicadores; un poco por encima en gasto y un poco por debajo en ingresos. Parece que la cosa no es tanto como lo pintan

Cuando se habla de impuestos más altos que los nuestros, los defensores de la medida nos compararán (lógico si quieren defender esa subida) con países como Dinamarca o Finlandia, sociedades prósperas y que mantienen un buen desempeño económico a pesar de sus elevados tributos. Sin embargo, en la UE también hay países que crecen mucho menos, como Francia, Italia o Grecia, y que también tienen impuestos y gasto público mucho más elevado que el español.

Aquí la pregunta que habría que hacerse es si la legislación económica española, en todo lo demás que no tiene que ver con impuestos, como el mercado laboral, es más parecida a la finlandesa o a la italiana. Ahí lo dejo.

Casualmente, como reza el título de este artículo, cuando se buscan comparaciones internacionales, normalmente se hace para reflejar la diferencia entre un país y los que mejor lo hacen en un determinado campo. Pues bien, si hablamos de impuestos y de cómo estos sirven para alentar o no el crecimiento económico, podríamos preguntarnos si la comparación con la UE es la más acertada. Si analizamos el crecimiento económico en las últimas cuatro décadas en las principales regiones del mundo (fuente FMI), Europa Occidental tiene poco de lo que presumir. Hablamos de la región con una presión fiscal más elevada y también de la más esclerotizada del planeta, con poco crecimiento, poca innovación, sociedades envejecidas, poco dinamismo económico y sensación de estancamiento crónico. No decimos que los impuestos sean el único factor en este comportamiento. Pero cabe preguntarse si queremos parecernos más a nuestros vecinos, los que peor lo están haciendo en los últimos tiempos. En este sentido, por qué no compararnos con otro país de la UE que en los últimos tiempos ha destacado sobremanera. Una economía periférica, tradicionalmente encuadrada en el pelotón de cola de la UE y muy dependiente de su vecino rico.

En este país, hace unos años apostaron por un modelo basado en impuestos muy bajos. En cuatro décadas, han pasado de ser una de las economías más pobres del continente a luchar con Noruega y Suiza (dos países no UE) por ser los más ricos. Quizás, sólo quizás, alguien podría preguntarse si el ejemplo que tendría que seguir España no sería éste, el del alumno más aventajado de entre todas las economías occidentales (antes que en Francia o Italia). Y he aquí el quid de la cuestión. Nos dirán que se resentiría el gasto público, pero, ¿y si se podría recaudar más?, también en términos del PIB, sin subir impuestos, sólo generando más actividad. Hay muchos argumentos para defender que se podrían subir los impuestos, pero al igual que los hay para defender lo contrario. Pero para eso está el debate.

La alternativa a subir los impuestos podría ser también reestructurar la carga impositiva. Como por ejemplo revisar las exenciones a los grandes patrimonios o las rentas que se van a Madrid para hacer operaciones de donaciones o sucesiones sin tributar. Son deducciones, elementos que no se gravan, por ello igual sería más fácil, revisar los que ya hay. Es decir, tiene que plantearse una reforma inteligente y tener claro lo que busque la coherencia del sistema, mayor recaudación, pero manteniendo cierta coherencia para el tan ansiado crecimiento económico en los próximos dos años, a la postre necesario.

Por último, una cosa más, como padres, comparar a nuestros hijos con otros siempre nos han enseñado que es negativo, pues tiene efectos como malograr la autoestima de este; no hagamos lo mismo con nuestro país, creo que de histórico también ha sido nuestro mayor mal y sin duda ha afectado a nuestra autoestima nuestra cada vez más machacona comparativa con Europa en todos los ámbitos, nosotros valemos mucho, de verdad.