En blanco

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Al tener un tejido científico muy débil, su influencia social y política es muy baja. Esto ha contribuido a que no se hayan oído voces durante los meses anteriores con suficiente fuerza para ser escuchadas antes por los políticos y la sociedad

Desde hace días devoro toda la información que me llega en relación a la situación que se está viviendo, desde la necesidad de una visión objetiva, real y fiel de la realidad de nuestro país, necesario a mi juicio para una vez superada esta primera fase tan dolorosa nos suponga una buena base para la tan difícil segunda fase de reconstrucción social y económica. Partiendo de esta base, ha quedado claro no solo a nivel nacional sino también a nivel europeo y mundial la falta de líderes, entendidos estos en su definición más amplia. Mucha gente culpa de la epidemia de coronavirus a la globalización y dice que la única forma de impedir que haya más brotes de este tipo es desglobalizar el mundo. Sin embargo, aunque en estos momentos la cuarentena es fundamental para detener la epidemia, instaurar el aislacionismo a largo plazo provocará un derrumbe económico y no proporcionará ninguna protección genuina contra las enfermedades infecciosas. Todo lo contrario. El verdadero antídoto contra una epidemia no es la segregación, sino la cooperación, la cual solo se ha visto entre la propia ciudadanía, que ha carecido en todas sus actuaciones de un líder claro. Por otro lado, la visión de esa falta de líderes considero que no solo hay que verla desde la perspectiva política sino también desde la perspectiva científica. Ambos sectores se han convertido en primordiales en la lucha contra esta pandemia. Sin embargo, tanto en un sector como en otro se han visto enormes carencias.

De esta manera, lo que está ocurriendo estas semanas en España a raíz del Covid-19, es el resultado de un gran fracaso colectivo, como he podido leer en algunos artículos escritos por científicos, como Pablo Arta, profesor de la Universidad de Murcia. Hay un artículo en el que destaca que es posible poner paños calientes, pero que no es posible escurrir el bulto y eludir responsabilidades también a nivel científico, pues en su opinión, lo que estamos viviendo estas semanas es el gran fracaso de todos.

Así, señala que aunque la falta de previsión, desidia, infraestructuras deficientes, escasez de personal formado…, podemos completar la lista como queramos, la responsabilidad de todos se construye con la suma de muchas. Y este virus ha mostrado también crudamente el gran fracaso de la ciencia española. Pero en realidad, esta lleva tiempo con una falta completa de planificación y estrategia que nos ha conducido en la práctica a un desmantelamiento del sistema.

Por ello, hay que poner el énfasis en que varios son los problemas que están emergiendo en esta pandemia: la falta de liderazgo e influencia social de los científicos españoles se suma a la falta de liderazgo político. Al tener un tejido científico muy débil, su influencia social y política es muy baja. Esto ha contribuido a que no se hayan oído voces durante los meses anteriores con suficiente fuerza para ser escuchadas antes por los políticos y la sociedad. España es uno de los pocos países desarrollados que no cuenta con asesores científicos con importantes responsabilidades. Así, cuando se ha querido echar mano de los científicos, ha sido como excusa y demasiado tarde. Pero esto solo es la muestra de que nuestra sociedad no considera que la ciencia nacional tenga una importancia real, ni que fuera a servir de mucho. En otros países con mejores resultados frente al virus las estrellas de la pandemia son científicos a los que la gente cree y respeta, lo cual se ha echado en falta en España, donde los científicos se han dedicado más a la redacción de artículos que a la investigación pura y dura, la cual en situaciones como la actual hubiera supuesto recoger mayores frutos.

Pues bien, consecuencia de lo anterior hay verdaderas carencias que supondrán una dificultad en la fase de reconstrucción social y económica. Y, aunque es más urgente, no hay que obviar la necesidad de un cambio radical, no solo a nivel de inversiones en investigación, sino en cuanto a la programación de una investigación real. Por último, más allá de seguir tomando con agilidad las medidas inmediatas para corregir en cada momento los efectos más crueles de la doble crisis, sanitaria y económica, el Gobierno tiene que plantear un plan de reconstrucción del país, pactado con el mayor número de fuerzas de la oposición posible, y traducirlo después en unos presupuestos que serán su propia responsabilidad, pero que lógicamente reflejen el sentido de los pactos. Unos acuerdos alcanzados bajo la premisa de la cooperación. Habrá que crear un plan de reconstrucción entre todos que, aunque aprendido de nuestro dolor, ponga énfasis en la frase «ni uno mas».